Lista estaba la novia para la misa donde se casaría con su prometido. Radiante como siempre Blanca Inés sonreia, pero lo hacia de una manera nerviosa, Faryd notaba algo raro en la sonrisa de Blanca Ines pero no sabía con certeza de qué se trataba, por lo tanto le hizo señas a quien presidía la boda para que apurara la ceremonia.
"Estamos aquí reunidos para presenciar la unión de Blanca Inés y Faryd", dijo el sacerdote de manera acelerada. La velocidad de la misa era un poco más rápida de lo normal, pero todo se fue a la mierda cuando pronunciaron las mágicas palabras "¿alguien tiene una razón para impedir esta boda?" y un tipo en la penúltima banca levantó la mano: Era yo.
Nadie lo podía creer, todos voltearon a mirarme mientras caminaba con paso temeroso hacia el altar. Con un nudo en la garganta y los ojos inundados en lágrimas me dirigí a Blanca Inés diciéndole que estaba cometiendo un error, ella estaba sin palabras.
Y de repente siento unos nudillos impactando mi pómulo a gran velocidad, el puño de Faryd me hizo besar el piso de esa pomposa iglesia donde van los ricos a tratar de redimirse con Dios. Mientras yacía en el piso vi a Blanca Ines acercarse, levantó mi cabeza y sonrió, aproveché y le dije "escápate conmigo, ¿te le mides?" a lo que respondió negativamente. Ella se levantó, miró con desprecio a Faryd y se marchó de la iglesia.
Salí como pude de la iglesia, pues Faryd y el tonto de su padrino de bodas querían seguir moliéndome a golpes, pero pendejo no soy. Al salir busqué con la mirada a Blanca Inés, pero ni rastro de ella, desesperado empecé a correr en su búsqueda pero fue en vano, así que me desplomé en un andén. Cuando estaba mirando al piso escuché una voz que decía "señor, ya vamos a cerrar", levanté la cabeza, pagué los tragos y me fui. Todavía llovía...