Llega la noche y con ella la hora de dormir, apagas la luz y te acuestas en tu cama, de repente el cuarto se oscurece más y la habitación se expande, miras al lado de tu cama y ves una piedra, pero quizás no sea una piedra, quizás es el reflejo de lo que tu eres: Fría e inerte. Y de repente te pones a pensar en tantas cosas, sobre todo en esa maleta de decepciones que cargas contigo y buscas consuelo en aquella piedra que tienes al lado, la piedra te da la espalda y se pone a roncar. Allá, en los rincones más oscuros de tu cerebro un duendecillo susurra mi nombre, lo más posible es que lo ignoras, no sin antes preguntarte una vez "¿qué hubiera pasado si...?", pero no, aunque esa pregunta te la hagas cada cuanto ya debes tener en cuenta que ya no existo, al menos para ti. Ya limpié la casa, redecoré y saqué la basura, hasta quedó más bonito el hogar, y aunque no estás invitada se que no pasarás a echarle un vistazo, solo me conformo con saber que no vivirás en un lugar tan reluciente como este. Posarás de soltera poderosa como ya lo has hecho antes, o fingirás de felicidad desbordada como lo estás haciendo ahora, pero recuerda la piedra que duerme junto a ti y la maleta aquella que día a día se vuelve más pesada, eso se ha vuelto parte de mi consciencia, y no lo niego, a veces me hace reír. Recuerda que algún día pudiste tener todo de mi parte pero te conformaste con obtener migajas de otros.
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