A las 5:40 a.m. suena la alarma del despertador, entre bostezos y con los ojos aún cerrados trato de apagarla para dormir un poco más. El sol va saliendo y el tiempo va corriendo en mi contra, al parecer llegaré tarde nuevamente. Después de un breve duchazo abro un pequeño armario donde guardo mi ropa, todo está en orden pero no encuentro una máscara, la máscara donde parece que en mi vida va de maravilla.
Es difícil salir al mundo y sonreirle a todos, es complicado fingir estar bien, en algunos pasajes del día simplemente deseo acostarme en mi cama y empezar a llorar, así sin más, pero no, esa no es la educación que me han brindado, este mundo no es para débiles, por lo tanto hay que mostrarse fuerte aunque uno se esté ahogando en un vaso de agua, irónicamente no necesitamos grandes cantidades del preciado líquido para ahogarnos.
Lo más triste de lo triste es no saber qué le pasa a uno, a veces uno simplemente está triste porque si, a lo que le temo es que la memoria me traicione y me esconda esas razones para que yo evite pensar en x o y situación, lo otro es que mi estado de ánimo sea una moneda que se lanza al aire y determine cada cierto momento el estado de ánimo que debo tener.
Quizás simplemente yo tenga un defecto de fábrica...
No hay comentarios:
Publicar un comentario