Era un amor de los buenos, de los que no hacen sufrir, tu presencia en mi vida era un deleite de mi alma, todo era felicidad. Justamente en una de esas tardes cuando nuestros cuerpos se encontraban recibí una llamada de esas que cambian todo, la noticia era devastadora: Me iría del país. El silencio se apoderó de nosotros, no éramos capaces ni de mirarnos a los ojos, solo noté que una lágrima se escapó de sus ojos y la borró rápidamente para que yo no lo notara, enseguida me volteé y le di un abrazo de esos que duran una eternidad, "vamos a estar bien", le dije, más bien le mentí, sabía que jamás iba a volver a esta tierra y ella no podía acompañarme, ella procedió a vestirse en silencio y con un beso y un te amo se marchó.
La despedida no fue nada placentera, ella me acompañó en esa tarde de lluvia para darme el último adiós. Después de tener cientos de amigos solo me quedaba su compañía, y con eso me bastaba. Nos dimos muchos besos, como para tener un ahorro para cuando nos falten, y aún siento que debíamos darnos más. Los segundos marchaban a prisa y mi hora ya llegaba, sin embargo tu mano no me quería soltar, te miré y te di un beso en la frente, tu te aferraste a mi pecho llorando sin consuelo, como pude me safé y entré a la sala de espera sin mirar atrás, si hubiera volteado a mirarte no me subo en el avión. Así, sin decir más, me fui para siempre.
Ha pasado el tiempo y aún recuerdo tu hermoso rostro, ese recuerdo es mi sonrisa en los días grises. Hoy en día se que ya tienes un nuevo amor, seguiste con tu vida y eso es lo correcto, no se si seas feliz pero estás bien y con eso a mi me basta, sin embargo desde lo lejos aun te amo y tengo todo mi amor guardado para ti por si alguna vez nuestros caminos se vuelven a encontrar.

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