Desperté con un guayabo de los
mil demonios, sentía que un ejército marchaba por cada uno de los sectores de
mi cabeza, guayabo que se haría más fuerte con la llamada de mi novia, le había
prometido que le iba a comprar un vestido para la boda y no dudó en
recordármelo, para evitar discusiones le dije que ese mismo día íbamos por su
vestido, igual ese era su plan favorito. Al saludarla en el centro comercial
pensé que me reprocharía por haberla dejado plantada la noche anterior, además
mi boca todavía emanaba olor a ron, pero no, ella me saludó muy cariñosa como
si nada pasara, de hecho me preguntó por Sancho y solo atiné a decirle que él tenía
problemas en el trabajo, ella respondió con un seco ok y empezamos a desfilar
por las tiendas del lugar. A todo vestido que ella se probaba yo le decía que
se veía bien, de hecho ni si quiera la veía a ella, mi mente solo proyectaba
imágenes de Blanca Inés vestida de blanco caminando frente a un altar y
casándose con un tipo que no era yo. Después de varios vestidos mi novia
escogió un vestido negro muy elegante, afortunadamente también era económico,
después de su turno tocaba el mío. Fuimos a un almacén de alquiler de trajes y
solo atiné a decir que quería ir todo de negro con la excusa de ir uniformados
como la pareja feliz que éramos, en realidad iba al funeral de mis esperanzas
de casarme con Blanca Inés.
Los días posteriores a tremenda
noticia no fueron los mejores. Mis distracciones en el trabajo aumentaban, me
cuentan que muchas veces me quedaba viendo el techo con la mirada perdida y tenían
que gritarme para que volviera a este mundo, en realidad no recuerdo nada, por
eso decidí contactar a Paula e invitarla a un café para charlar. Paula es una
amiga en común con Blanca Inés, más amiga de ella que mía, pero igualmente
tenía que averiguar las razones del por qué yo estaba invitado a esa boda.
Paula es de esas mujeres sinceras y descomplicadas, charlar con ella me dejó
una especie de vacío mezclado con tranquilidad, ella me contó que fue la que
sugirió que me invitaran a la boda, que los años habían pasado y que ya todo
estaba sanado, allí me di cuenta de la terrible verdad que la invitación decía:
Ella ya no pensaba en mí en la forma en que a veces la pienso, de hecho esa
tarjeta ha sido la llave para abrir un baúl lleno de recuerdos lindos y otros
no tanto, de esos recuerdos hay muy pocos tristes, pero son recuerdos que solo
tengo yo, ella no. Después de que Paula dijo todo lo que tenía que decir guardé
silencio, probablemente elevé la mirada al cielo y me quedé en blanco unos
segundos, estaba buscando los cojones que no tenía para ir a la boda y aceptar
la cruda realidad.
Llegó el día de la bodCONTINUARÁ...
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