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jueves, 25 de junio de 2015

Rebeldía

Ya boté la libreta, he roto en 2 el lapicero con el que escribía y he arrugado el papel donde nuevamente trazaba algo para ti. Basta de letras, no más cursilerías, estoy sin respiración de tanto suspirar, me declaro adicto a ti, a escribirte, a pensarte y soñar contigo, ya no puedo más. Aqui me hallo otra vez peleando contra lo que siento, harto de ti, harto de todo y de todos, quisiera arrancarme el pecho y prestárselo a otro para preguntarle si puede vivir con ese peso, porque yo no. Me despido una vez más de esta faceta, nada sirve así, no vale ni 5 escribirle a alguien más, no me sale nada y eso lo odio, odio que tú seas mi inspiración, pues no hay nada mejor.

martes, 16 de junio de 2015

Una verdad con dolor (parte 2)

En medio de un guayabo enorme, David se despertó. Se preguntó dónde estaba tras percatarse que el techo no era de su cuarto. Había perdido la noción del tiempo y del espacio. Al ver a Sandra -sin maquillaje- a su lado, se espantó un poco. Ella despertó sonriente y sin decir una palabra le estampó un beso con sabor a aguardiente. Él se asqueó pero no hizo gesto pues él tenía el mismo aliento. Siguiendo su protocolo antiguo, David invitó a desayunar a Sandra para no ser descortés, quien de nuevo gustosa aceptó. Mientras comían, ella hablaba y hablaba como si estuviera dando un discurso y él, mientras solo observaba y asentía a todo lo que ella dijera, pensaba en esa mujer de ojos azules que lo volvían loco y, cómo no, en el desastre de la noche anterior. Luego del desayuno, intercambiaron números de celular y tomaron caminos distintos. Todo había terminado... Al menos eso creyó él.
Al llegar a la casa recibió un regaño monumental de Doña María, su madre. Doña María es una señora muy religiosa, líder de un grupo de oración de señoras de su misma edad que no tienen otra cosa que hacer los fines de semana que meterse a una iglesia a empuñar un rosario y hablar sobre Dios, el diablo, el pecado y la vida eterna. A David le fastidiaba mucho ese tema pues era ateo y para él, Dios es un invento de la humanidad para sentirse especiales en un universo vacío; algo muy contrario a lo que profesaba su madre quien con biblia en mano y citando versículos le daba sermones mientras entraba a su cuarto.
Tras recuperar el sueño, recibió un mensaje al celular. Era Sandra diciéndole que había pasado una noche mágica junto a él y que nunca lo olvidaría. David se echó a reír pues para él solo había sido una noche, nada especial, de sexo por despecho y alcohol. Sin embargo, su risa se convirtió en tristeza al recordar esa última mirada de Blanca Inés al salir de la fiesta de la oficina. Con la mirada perdida en su número de teléfono, David quiso hablar con ella, pedirle disculpas y decirle que la amaba a pesar de todo lo que había pasado entre ellos. No tuvo ni un gramo de valentía para marcar el número. Pensó que ella no le iba a contestar.
Llegó el lunes y David no sabía cómo iba a reaccionar al ver a Blanca Inés. Tuvo que hacer un esfuerzo grandísimo para darle los buenos días mientras pasaba por su puesto. Tras ser ignorado, no tuvo más remedio que callar y marcharse al cubículo que le habían asignado para sus labores. David se dió cuenta que estaba en boca de toda la oficina por su encuentro furtivo con Sandra. La cosa no podía más que empeorar sobretodo cuando apareció "el pecoso" con una sonrisa de imbécil a hurgar sobre la vergüenza que pesaba sobre sus hombros. "Oye... ¿para dónde te fuiste después?", preguntaba para sacarle información de la noche que compartió con Sandra. Una palmada en el hombro como señal de incredulidad fue la contestación a la respuesta y a la sonrisa hipócrita que David alcanzó a replicar. Su fastidio crecía conforme al murmullo. Sus compañeros sabían de su compleja relación con Blanca Inés e intuían en qué había acabado la noche con Sandra. Esperaban de él una declaración de culpabilidad. David sólo pudo amargarse más tras el saludo de buenos días de su cómplice nocturna.
Pasaron los días y aunque David trataba de amoldarse a su situación de no hablarse con Blanca Inés, se sentía incómodo. Sandra era persistente: todo el tiempo le pedía que se vieran para, al menos, hablar. Finalmente, luego de muchas negativas, aceptó verla en un café. Ella le besó muy cerca a la boca lo que a él le extrañó. Varios cócteles después, se besaron labio a labio. Sandra le dijo que él le gustaba y que quería manejar las cosas con calma. "¿De qué calma hablas?", preguntaba un confundido David que no entendía cómo un momento de diversión había llegado hasta ese punto. Como un torrente a su cabeza, recordó un detalle que dejó pasar por alto aquella noche de locura: Sandra tenía novio. "Daniel me es infiel, así que no importa. Además esa noche nuestras almas se conectaron. Quiero empezar algo lindo contigo", fueron las palabras de una muy segura Sandra que dejaba a un David estupefacto. Sólo alcanzó a contestar que eso no podía ser antes de pagar la cuenta y dejarla sola en el lugar.
“Pinche vieja loca”. Era todo lo que pensaba David cada vez que recordaba las palabras de Sandra sobre esa noche loca. A veces, hasta se carcajeaba solo. Lo que no esperaba es que Sandra no se rendiría tan fácil como para dejarlo ir tan campante. A su vez él tampoco se rendía con Blanca Inés. Consideró un logro que volviera a contestarle los buenos días, así fuese de forma seca. Sandra intentaba convencerle texteándole que se había excedido; él le respondía que no quería nada con nadie, que esa noche había sido un error, que no quería saber nada más del tema... Nada fue suficiente. Ante la insistencia, David finalmente aceptó que se vieran en la casa de ella tras la promesa de un detalle para él y la tranquilidad que no iban a estar solos. Fue ingenuo al decir sí.
Sandra le esperaba sola en casa, con una carta en una mano y unos chocolates en la otra. Mientras David lee la carta que tenía para él, ella destapa un chocolate y se lo da en la boca. Conmovido ante cada palabra que leía, olvidó la "loca" conversación en el café y vio una actitud diferente. Ante lo que era un "abrazo de despedida" que Sandra le había pedido, se vió acariciado en la nuca mientras besaba su cuello. Cediendo ante sus más bajos instintos, David respondió a las caricias con besos mientras introducía su mano en la blusa de ella. La pasión embargó a Sandra quién desvistió a ambos con fervoroso deseo. La soledad de la casa dio paso al sexo desenfrenado en el sofá. Este era el verdadero detalle que tenía para él: atraparle dándole placer para olvidar a Blanca Inés y enamorarse de ella. Pero en David pudo más la culpa y el recuerdo de su amor platónico que el cariño; se vistió rápidamente y se marchó dejando a Sandra muy frustrada.
Sandra empezó a perder la cabeza por DavCONTINUARÁ...

lunes, 15 de junio de 2015

Una verdad con dolor

Un silencio incómodo se apoderó de David cuando le preguntaron sobre su anterior trabajo en una entrevista laboral. Recordar en un segundo todo lo que había vivido meses atrás en la empresa donde trabajaba lo llenó de temores y dudas, por lo que se quedó callado unos 30 segundos. David reaccionó y empezó a hablar... Siempre recordando.
Todo comenzó en la fiesta de navidad donde trabajaba. Una prestigiosa discoteca había sido rentada por Cobol S.A. para festejar las fiestas de fin de año. Había una deliciosa cena, trago hasta para tirar al cielo y costosos aguinaldos que se iban a rifar en el agasajo. Sin embargo, David no tenía muchos ánimos de ir debido a que Blanca Inés estaría entre los presentes. David estaba perdidamente enamorado de su compañera de trabajo, pero era algo tan complicado que él no quería verla una vez más. Pese a que se veían todos los días por la mañana, después de haber compartido tantos besos y peleas, no quería verla en una celebración especial.
Arrancó la celebración y la gente empezó a llegar. Blanca Inés relucía entre la multitud con un hermoso vestido azul que hacía juego con sus ojos. Al no encontrar a David en el tumulto, entabló conversación con "el pecoso", un compañero de trabajo. Tras llegar bastante tarde y al presenciar la escena enceguecido por el alcohol y los celos, David desdeñó la invitación de Blanca Inés a conversar y se dirigió a la barra a embriagarse aún más, no sin antes buscar la manera de sacar un clavo con otro: Sandra, la sobrina de uno de los directivos de la empresa, desparchada porque su novio al parecer estaba enfermo y le había dejado sola, fue la elegida. Sandra no era bonita pero David, muy ebrio y muy celoso, ni corto ni perezoso la sacó a bailar. Ella encantada aceptó y gustosa bailó con él en medio de la pista.
Bastó un par de canciones para que Sandra iniciara una tenue conversación con David. La complicidad crecía entre palabras que iban y venían. David vio en Sandra una “presa fácil” y no dudó en seguir el juego a pesar de que Blanca Inés observaba con recelo. Él no fue ajeno a los ojos tristes de Blanca Inés que lo miraban desde la distancia. La culpa lo impulsó a invitar a Sandra a marcharse juntos a otro lugar. Mientras se despedía de algunos de sus compañeros, David aprovechó la breve ausencia de Sandra para dedicarle una última mirada a Blanca Inés. Al verles salir tomados de la mano, ésta buscó a su amiga -y confidente- Paula para desahogarse.
No pasó mucho tiempo desde que llegaran a la discoteca cuando Sandra se abalanzó sobre David con un beso apasionado que él correspondió mientras la tomaba por la cintura tocando el resto de su cuerpo. Mientras esto sucedía, Blanca Inés lloraba sobre los hombros de Paula. Los amantes que la noche, el alcohol y los celos habían unido, cedieron a las ganas y se marcharon a un motel a terminar lo que hace un par de horas habían iniciado.
En medio de un guaCONTINUARÁ

miércoles, 29 de abril de 2015

La boda (parte 3)

Llegó el día de la boda. A las 6:00pm iniciaría la misa donde Blanca Inés se desposaría con el árabe aquel. Decidí no ir a la iglesia pues me había tomado un par de tragos en su honor y no iba a aguantar la tentación de gritar “yo me opongo” cuando el cura preguntara si alguien se oponía a la boda, preferí mandarle a Paula un mensaje para que me avisara cuando el daño estuviera hecho. A eso de las 7:00pm llegó el mensaje esperado, sentí un vacío por un momento pero otro trago amortiguó el golpe, llamé a mi novia y le dije que estuviera lista que en una hora pasaría por ella. Al  ir por ella y verla en ese vestido me dije que era un tonto, pues ella también tenía gran belleza, le dije que se veía hermosa, ella sonrió tímidamente y sin decir una palabra me dio un beso en la mejilla, no entendí nada. Llegamos al sitio de la recepción un poco tarde, mejor así, no quería verla bailando el vals con el árabe ese ni tampoco quería escuchar el discurso del brindis, al entrar agarré fuerte la mano de mi novia y entré con actitud, debo decir  que fue una entrada espectacular, como de actor de televisión. Lo primero que divisé fue la mesa del centro, y ahí estaba sentada Blanca Inés con su esposo, al verme se puso nerviosa igual que yo, el corazón se me quería salir del pecho pues nunca había estado en una situación así. Ella estaba excesivamente hermosa, no lo puedo negar, pero sus ojos azules ocultaban temor, presiento que ella no esperaba a que fuera, y menos presentarme de esa forma. Me dirigí a la mesa a felicitarla, ella se puso de pie rápidamente y  se arregló el vestido, de esto no había necesidad pues parecía un ángel; le di un beso en la mejilla y solo pude decirle ‘felicidades’, ella roja del nervio solo dijo ‘gracias’, a su vez el árabe se levantó de su silla y ella dijo ‘te presento a mi esposo Farid’, en ese momento sentí que una daga me atravesaba el pecho, sin embargo estreché la mano del árabe con total dignidad. Acto seguido le presenté a mi novia a la pareja de recién casados y después los 4 nos quedamos callados por unos segundos, hasta que mi novia y yo nos fuimos a buscar a Paula para sentarnos junto a ella. La fiesta tomó forma y los nuevos esposos bailaban en la pista, él se lucía por todo el salón como un pavo real exponiendo sus plumas, yo estaba en una mesa olvidada en un rincón oculto como una rata observando todo el panorama mientras Paula y mi novia no dejaban de hablar, yo solo asentaba y me bebía la botella, es más, hasta tuve tiempo de analizar al árabe: “¿Qué tiene él que no tenga yo? Bueno, se ve que es más joven que yo y que aunque no sea dueño de medio Dubai tiene dinero, más que yo” pensé mientras Paula no dejaba de hablar. En un momento llegué a sentirme miserable, por lo tanto decidí equilibrar las cargas y sacar a bailar a mi novia pues más de un pendejo le puso la mirada encima, así que salí a la pista a bailar mientras Blanca me observaba de reojo, lo sé porque yo también la observaba a ella; en un juego de provocar celos yo besaba a mi novia y ella le bailaba sensual a su esposo mientras ambos observábamos discimuladamente. Después de un largo rato bailando nos sentamos para seguir conversando con Paula que no paraba de hablar. 

Pasaron un par de horas y la tristeza no se disminuía a pesar de los tragos, así que preferí irme. Le dije a mi novia que tenía algo de dolor de cabeza, lo cual era mentira, ella arrugó la cara pues estaba muy entretenida charlando con Paula, pero aceptó a que nos fuéramos del lugar. Al pasar por la pista Blanca Inés estaba en medio de ella con una de sus amigas y el árabe estaba bailando con otra mujer, mi novia se despidió tímidamente de ella y siguió adelante. Con las parejas de cada uno en otro cuento me acerqué a ella para despedirme, creo que mi cara no ocultaba lo que yo sentía en aquel momento, posiblemente no vería más nunca a Blanca Inés ya que Paula me había dicho que tenían planes de moverse de ciudad; en ese instante me acerqué un poco a su oído para decirle adiós pero ella se me adelantó y me dijo las siguientes palabras: “Gracias por haber venido, me alegró mucho verte y compartir este momento conmigo”, acto seguido me dio un beso justo al lado de la boca, un par de centímetros más y nos hubiéramos besado delante su esposo, familia y amigos. Estuve tentado a girar mi cara para que nuestros labios se encontraran, ganas no me faltaron, pero me sobró decencia, además no quería irme a las trompadas con el árabe en el día de su boda, tampoco quería arruinarle a ella la noche aunque me haya provocado de esa manera, así que lo más sensato que pude hacer fue darle un tierno abrazo y un beso en la mejilla sin medir una palabra, preferí callar. Después de un par de segundos la solté y me fui sin mirar atrás, no puedo decir qué expresión tenía, pero sin duda la mía era de impotencia. Al salir del salón estaba mi novia de espalda, traté de agarrar su mano y violentamente me la apartó, le pregunté que qué era lo que le pasaba y mantuvo silencio, yo me quedé sorprendido pero no dije nada, segundos después volteó hacia mí con los ojos inundados en lágrimas y dijo “Que triste es amar a alguien que tiene otra persona metida en el corazón, ¿cierto?”, yo solo agaché la cabeza, no tenía nada que decirle, en ese momento ella tomó un taxi y se fue de mi vida mientras yo solo di para sentarme en el andén y fumarme un cigarrillo. Y empezó a llover…

FIN
  

martes, 28 de abril de 2015

La boda (parte 2)

Desperté con un guayabo de los mil demonios, sentía que un ejército marchaba por cada uno de los sectores de mi cabeza, guayabo que se haría más fuerte con la llamada de mi novia, le había prometido que le iba a comprar un vestido para la boda y no dudó en recordármelo, para evitar discusiones le dije que ese mismo día íbamos por su vestido, igual ese era su plan favorito. Al saludarla en el centro comercial pensé que me reprocharía por haberla dejado plantada la noche anterior, además mi boca todavía emanaba olor a ron, pero no, ella me saludó muy cariñosa como si nada pasara, de hecho me preguntó por Sancho y solo atiné a decirle que él tenía problemas en el trabajo, ella respondió con un seco ok y empezamos a desfilar por las tiendas del lugar. A todo vestido que ella se probaba yo le decía que se veía bien, de hecho ni si quiera la veía a ella, mi mente solo proyectaba imágenes de Blanca Inés vestida de blanco caminando frente a un altar y casándose con un tipo que no era yo. Después de varios vestidos mi novia escogió un vestido negro muy elegante, afortunadamente también era económico, después de su turno tocaba el mío. Fuimos a un almacén de alquiler de trajes y solo atiné a decir que quería ir todo de negro con la excusa de ir uniformados como la pareja feliz que éramos, en realidad iba al funeral de mis esperanzas de casarme con Blanca Inés.

Los días posteriores a tremenda noticia no fueron los mejores. Mis distracciones en el trabajo aumentaban, me cuentan que muchas veces me quedaba viendo el techo con la mirada perdida y tenían que gritarme para que volviera a este mundo, en realidad no recuerdo nada, por eso decidí contactar a Paula e invitarla a un café para charlar. Paula es una amiga en común con Blanca Inés, más amiga de ella que mía, pero igualmente tenía que averiguar las razones del por qué yo estaba invitado a esa boda. Paula es de esas mujeres sinceras y descomplicadas, charlar con ella me dejó una especie de vacío mezclado con tranquilidad, ella me contó que fue la que sugirió que me invitaran a la boda, que los años habían pasado y que ya todo estaba sanado, allí me di cuenta de la terrible verdad que la invitación decía: Ella ya no pensaba en mí en la forma en que a veces la pienso, de hecho esa tarjeta ha sido la llave para abrir un baúl lleno de recuerdos lindos y otros no tanto, de esos recuerdos hay muy pocos tristes, pero son recuerdos que solo tengo yo, ella no. Después de que Paula dijo todo lo que tenía que decir guardé silencio, probablemente elevé la mirada al cielo y me quedé en blanco unos segundos, estaba buscando los cojones que no tenía para ir a la boda y aceptar la cruda realidad.

Llegó el día de la bodCONTINUARÁ...

lunes, 27 de abril de 2015

La boda

Fue un viernes atípico en la oficina, el trabajo no paró en todo el día y los jefes exigiendo como si fuera lunes, tanto así que no hubo ni ganas de ir a tomar un par de cervezas para celebrar que el fin de semana había llegado. Recuerdo que llegué a casa a eso de las 7 de la noche, el hambre me volvía loco y fui directo a la nevera, cuando ya voy camino a mi cuarto observo una tarjeta de matrimonio tirada en la mesa. “Oh, tenemos boda” me dije mientras ya saboreaba el trago de esa recepción, al abrir el sobre me he quedado sin palabras: Blanca Inés se casaba.
Si, Blanca Inés, la chica que se escapó de mi vida, la que no fue mi novia, en realidad no hay etiqueta existente para describir esa relación, Blanca Inés es el tipo de mujer que cualquier hombre desea presentar en su casa para obtener la bendición de los padres, ella es esa mujer de la que uno le habla a su mejor amigo diciéndole “quiero que ella sea la madre de mis hijos”, ella, simplemente la indicada. Blanca Inés le hace honor a su nombre, su piel es blanca, más bien diría que pura, unos ojos azules como las playas de Cancún y un cabello negro y largo que casi alcanza a jugar con sus nalgas, sus medidas no son perfectas pero eso no importa, la curva de su sonrisa te hace olvidar la de su cuerpo, y sin hablar del corazón de oro que posee.
Me he quedado frío, he frotado mis ojos para ver si no es un espejismo la tarjeta que estoy viendo, todavía no creo que Blanca Inés, MI BLANCA INÉS se casa, como desearía que fuera otra Blanca Inés pero no hay más, es ella, sigo en etapa de negación. Sin dudarlo he levantado el teléfono y he llamado a mi novia, le he dicho que era imposible que nos viéramos esa noche, le he dicho una mentira típica de novio: “Sancho, mi mejor amigo, tiene problemas y necesita hablar conmigo”. Y si, pero el de los problemas era yo, no quería aceptar una realidad que se avecinaba, también le he dicho que teníamos pronto una boda y que saldríamos a comprar un vestido para ella, mi novia simplemente contestó con un ok y sin despedirse colgó el teléfono. También he llamado a Sancho, lo invité a un bar para contarle la noticia y aceptó sin reparos.

Llegué al bar y pedí una cerveza, sabía que Sancho demoraría pues toda su vida se ha caracterizado por ser impuntual. 3 cervezas después apareció Sancho, sin dejarlo llegar le mostré la tarjeta, su expresión de sorpresa se borró de su rostro al abrir el sobre y descubrir el nombre de la persona que contraería matrimonio en los próximos días. “Esas no son penas” me decía Sancho, al tiempo él le encargaba al mesero una botella de ron. Entre trago y trago Sancho y yo analizamos la tarjeta, estaba hasta perfumada (Chanel #5 quizás), el nombre del novio era árabe, tal vez era un jeque de esos de Dubai que tienen edificios de 100 pisos, 5000 camellos y se limpian el trasero con papel higiénico de oro, a la final eso no importa ya, tiene el tesoro más preciado: Blanca Inés. Intenté estar de buen ánimo esa noche, lo juro, pero fue imposible, yo también tengo pareja y un empleo, eso es un lujo que muchos no se dan en este país, pero nada de eso impidió que estuviera triste a pesar de haber cantado rancheras abrazado de Sancho, tampoco ayudó que la mesera de pecas me dejara escrito en una servilleta su número de teléfono.

CONTINUARÁ...

jueves, 5 de febrero de 2015

La sonrisa aquella

Pocas veces me he encontrado en la vida sonrisas dignas para escribirles, de hecho las sonrisas que me cautivaron en un pasado me costaron muchas lágrimas, sin embargo desde que vi esa sonrisa no he dejado de pensar en ella. No se como explicar tanta fascinación, esa sonrisa es una mezcla de ternura y sensualidad, algo distinto, es una sonrisa que expresa tranquilidad y satisfacción, a la vez tiene un toque de magia, tal así que me tiene escribiendo sin saber por qué. Pensé que eran ideas mías, que quizás estaba perdiendo la razón, fascinado por fotografías, pero no, al verla en vivo me di cuenta que no estaba loco, y la sonrisa aquella es más hermosa en persona, sin embargo la a lo lejos, como quien no quiere la cosa. Fue lindo verla, a pesar de la distancia, a pesar del tiempo corto en que sonreíste, atesoro ese momento porque no se si habrá otro en el futuro, posiblemente nunca la vuelva a ver en la vida, uno nunca sabe, por eso escribo para que ese momento me sea inolvidable, es un regalo que me hago. Si tan solo ella supiera que su sonrisa es de las sonrisas que hacen sonreír a los demás...