lunes, 15 de junio de 2015

Una verdad con dolor

Un silencio incómodo se apoderó de David cuando le preguntaron sobre su anterior trabajo en una entrevista laboral. Recordar en un segundo todo lo que había vivido meses atrás en la empresa donde trabajaba lo llenó de temores y dudas, por lo que se quedó callado unos 30 segundos. David reaccionó y empezó a hablar... Siempre recordando.
Todo comenzó en la fiesta de navidad donde trabajaba. Una prestigiosa discoteca había sido rentada por Cobol S.A. para festejar las fiestas de fin de año. Había una deliciosa cena, trago hasta para tirar al cielo y costosos aguinaldos que se iban a rifar en el agasajo. Sin embargo, David no tenía muchos ánimos de ir debido a que Blanca Inés estaría entre los presentes. David estaba perdidamente enamorado de su compañera de trabajo, pero era algo tan complicado que él no quería verla una vez más. Pese a que se veían todos los días por la mañana, después de haber compartido tantos besos y peleas, no quería verla en una celebración especial.
Arrancó la celebración y la gente empezó a llegar. Blanca Inés relucía entre la multitud con un hermoso vestido azul que hacía juego con sus ojos. Al no encontrar a David en el tumulto, entabló conversación con "el pecoso", un compañero de trabajo. Tras llegar bastante tarde y al presenciar la escena enceguecido por el alcohol y los celos, David desdeñó la invitación de Blanca Inés a conversar y se dirigió a la barra a embriagarse aún más, no sin antes buscar la manera de sacar un clavo con otro: Sandra, la sobrina de uno de los directivos de la empresa, desparchada porque su novio al parecer estaba enfermo y le había dejado sola, fue la elegida. Sandra no era bonita pero David, muy ebrio y muy celoso, ni corto ni perezoso la sacó a bailar. Ella encantada aceptó y gustosa bailó con él en medio de la pista.
Bastó un par de canciones para que Sandra iniciara una tenue conversación con David. La complicidad crecía entre palabras que iban y venían. David vio en Sandra una “presa fácil” y no dudó en seguir el juego a pesar de que Blanca Inés observaba con recelo. Él no fue ajeno a los ojos tristes de Blanca Inés que lo miraban desde la distancia. La culpa lo impulsó a invitar a Sandra a marcharse juntos a otro lugar. Mientras se despedía de algunos de sus compañeros, David aprovechó la breve ausencia de Sandra para dedicarle una última mirada a Blanca Inés. Al verles salir tomados de la mano, ésta buscó a su amiga -y confidente- Paula para desahogarse.
No pasó mucho tiempo desde que llegaran a la discoteca cuando Sandra se abalanzó sobre David con un beso apasionado que él correspondió mientras la tomaba por la cintura tocando el resto de su cuerpo. Mientras esto sucedía, Blanca Inés lloraba sobre los hombros de Paula. Los amantes que la noche, el alcohol y los celos habían unido, cedieron a las ganas y se marcharon a un motel a terminar lo que hace un par de horas habían iniciado.
En medio de un guaCONTINUARÁ

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