Llegó el día de la boda. A las
6:00pm iniciaría la misa donde Blanca Inés se desposaría con el árabe aquel.
Decidí no ir a la iglesia pues me había tomado un par de tragos en su honor y
no iba a aguantar la tentación de gritar “yo me opongo” cuando el cura
preguntara si alguien se oponía a la boda, preferí mandarle a Paula un mensaje
para que me avisara cuando el daño estuviera hecho. A eso de las 7:00pm llegó
el mensaje esperado, sentí un vacío por un momento pero otro trago amortiguó el
golpe, llamé a mi novia y le dije que estuviera lista que en una hora pasaría
por ella. Al ir por ella y verla en ese
vestido me dije que era un tonto, pues ella también tenía gran belleza, le dije
que se veía hermosa, ella sonrió tímidamente y sin decir una palabra me dio un
beso en la mejilla, no entendí nada. Llegamos al sitio de la recepción un poco
tarde, mejor así, no quería verla bailando el vals con el árabe ese ni tampoco
quería escuchar el discurso del brindis, al entrar agarré fuerte la mano de mi
novia y entré con actitud, debo decir
que fue una entrada espectacular, como de actor de televisión. Lo
primero que divisé fue la mesa del centro, y ahí estaba sentada Blanca Inés con
su esposo, al verme se puso nerviosa igual que yo, el corazón se me quería
salir del pecho pues nunca había estado en una situación así. Ella estaba
excesivamente hermosa, no lo puedo negar, pero sus ojos azules ocultaban temor,
presiento que ella no esperaba a que fuera, y menos presentarme de esa forma.
Me dirigí a la mesa a felicitarla, ella se puso de pie rápidamente y se arregló el vestido, de esto no había
necesidad pues parecía un ángel; le di un beso en la mejilla y solo pude
decirle ‘felicidades’, ella roja del nervio solo dijo ‘gracias’, a su vez el
árabe se levantó de su silla y ella dijo ‘te presento a mi esposo Farid’, en
ese momento sentí que una daga me atravesaba el pecho, sin embargo estreché la
mano del árabe con total dignidad. Acto seguido le presenté a mi novia a la
pareja de recién casados y después los 4 nos quedamos callados por unos
segundos, hasta que mi novia y yo nos fuimos a buscar a Paula para sentarnos
junto a ella. La fiesta tomó forma y los nuevos esposos bailaban en la pista,
él se lucía por todo el salón como un pavo real exponiendo sus plumas, yo
estaba en una mesa olvidada en un rincón oculto como una rata observando todo
el panorama mientras Paula y mi novia no dejaban de hablar, yo solo asentaba y
me bebía la botella, es más, hasta tuve tiempo de analizar al árabe: “¿Qué
tiene él que no tenga yo? Bueno, se ve que es más joven que yo y que aunque no
sea dueño de medio Dubai tiene dinero, más que yo” pensé mientras Paula no
dejaba de hablar. En un momento llegué a sentirme miserable, por lo tanto
decidí equilibrar las cargas y sacar a bailar a mi novia pues más de un pendejo
le puso la mirada encima, así que salí a la pista a bailar mientras Blanca me
observaba de reojo, lo sé porque yo también la observaba a ella; en un juego de
provocar celos yo besaba a mi novia y ella le bailaba sensual a su esposo mientras
ambos observábamos discimuladamente. Después de un largo rato bailando nos
sentamos para seguir conversando con Paula que no paraba de hablar.
Pasaron un par de horas y la
tristeza no se disminuía a pesar de los tragos, así que preferí irme. Le dije a
mi novia que tenía algo de dolor de cabeza, lo cual era mentira, ella arrugó la
cara pues estaba muy entretenida charlando con Paula, pero aceptó a que nos
fuéramos del lugar. Al pasar por la pista Blanca Inés estaba en medio de ella
con una de sus amigas y el árabe estaba bailando con otra mujer, mi novia se
despidió tímidamente de ella y siguió adelante. Con las parejas de cada uno en
otro cuento me acerqué a ella para despedirme, creo que mi cara no ocultaba lo
que yo sentía en aquel momento, posiblemente no vería más nunca a Blanca Inés
ya que Paula me había dicho que tenían planes de moverse de ciudad; en ese
instante me acerqué un poco a su oído para decirle adiós pero ella se me
adelantó y me dijo las siguientes palabras: “Gracias por haber venido, me
alegró mucho verte y compartir este momento conmigo”, acto seguido me dio un
beso justo al lado de la boca, un par de centímetros más y nos hubiéramos
besado delante su esposo, familia y amigos. Estuve tentado a girar mi cara para
que nuestros labios se encontraran, ganas no me faltaron, pero me sobró
decencia, además no quería irme a las trompadas con el árabe en el día de su
boda, tampoco quería arruinarle a ella la noche aunque me haya provocado de esa
manera, así que lo más sensato que pude hacer fue darle un tierno abrazo y un
beso en la mejilla sin medir una palabra, preferí callar. Después de un par de
segundos la solté y me fui sin mirar atrás, no puedo decir qué expresión tenía,
pero sin duda la mía era de impotencia. Al salir del salón estaba mi novia de
espalda, traté de agarrar su mano y violentamente me la apartó, le pregunté que
qué era lo que le pasaba y mantuvo silencio, yo me quedé sorprendido pero no dije
nada, segundos después volteó hacia mí con los ojos inundados en lágrimas y
dijo “Que triste es amar a alguien que tiene otra persona metida en el corazón,
¿cierto?”, yo solo agaché la cabeza, no tenía nada que decirle, en ese momento
ella tomó un taxi y se fue de mi vida mientras yo solo di para sentarme en el
andén y fumarme un cigarrillo. Y empezó a llover…
FIN
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