miércoles, 29 de abril de 2015

La boda (parte 3)

Llegó el día de la boda. A las 6:00pm iniciaría la misa donde Blanca Inés se desposaría con el árabe aquel. Decidí no ir a la iglesia pues me había tomado un par de tragos en su honor y no iba a aguantar la tentación de gritar “yo me opongo” cuando el cura preguntara si alguien se oponía a la boda, preferí mandarle a Paula un mensaje para que me avisara cuando el daño estuviera hecho. A eso de las 7:00pm llegó el mensaje esperado, sentí un vacío por un momento pero otro trago amortiguó el golpe, llamé a mi novia y le dije que estuviera lista que en una hora pasaría por ella. Al  ir por ella y verla en ese vestido me dije que era un tonto, pues ella también tenía gran belleza, le dije que se veía hermosa, ella sonrió tímidamente y sin decir una palabra me dio un beso en la mejilla, no entendí nada. Llegamos al sitio de la recepción un poco tarde, mejor así, no quería verla bailando el vals con el árabe ese ni tampoco quería escuchar el discurso del brindis, al entrar agarré fuerte la mano de mi novia y entré con actitud, debo decir  que fue una entrada espectacular, como de actor de televisión. Lo primero que divisé fue la mesa del centro, y ahí estaba sentada Blanca Inés con su esposo, al verme se puso nerviosa igual que yo, el corazón se me quería salir del pecho pues nunca había estado en una situación así. Ella estaba excesivamente hermosa, no lo puedo negar, pero sus ojos azules ocultaban temor, presiento que ella no esperaba a que fuera, y menos presentarme de esa forma. Me dirigí a la mesa a felicitarla, ella se puso de pie rápidamente y  se arregló el vestido, de esto no había necesidad pues parecía un ángel; le di un beso en la mejilla y solo pude decirle ‘felicidades’, ella roja del nervio solo dijo ‘gracias’, a su vez el árabe se levantó de su silla y ella dijo ‘te presento a mi esposo Farid’, en ese momento sentí que una daga me atravesaba el pecho, sin embargo estreché la mano del árabe con total dignidad. Acto seguido le presenté a mi novia a la pareja de recién casados y después los 4 nos quedamos callados por unos segundos, hasta que mi novia y yo nos fuimos a buscar a Paula para sentarnos junto a ella. La fiesta tomó forma y los nuevos esposos bailaban en la pista, él se lucía por todo el salón como un pavo real exponiendo sus plumas, yo estaba en una mesa olvidada en un rincón oculto como una rata observando todo el panorama mientras Paula y mi novia no dejaban de hablar, yo solo asentaba y me bebía la botella, es más, hasta tuve tiempo de analizar al árabe: “¿Qué tiene él que no tenga yo? Bueno, se ve que es más joven que yo y que aunque no sea dueño de medio Dubai tiene dinero, más que yo” pensé mientras Paula no dejaba de hablar. En un momento llegué a sentirme miserable, por lo tanto decidí equilibrar las cargas y sacar a bailar a mi novia pues más de un pendejo le puso la mirada encima, así que salí a la pista a bailar mientras Blanca me observaba de reojo, lo sé porque yo también la observaba a ella; en un juego de provocar celos yo besaba a mi novia y ella le bailaba sensual a su esposo mientras ambos observábamos discimuladamente. Después de un largo rato bailando nos sentamos para seguir conversando con Paula que no paraba de hablar. 

Pasaron un par de horas y la tristeza no se disminuía a pesar de los tragos, así que preferí irme. Le dije a mi novia que tenía algo de dolor de cabeza, lo cual era mentira, ella arrugó la cara pues estaba muy entretenida charlando con Paula, pero aceptó a que nos fuéramos del lugar. Al pasar por la pista Blanca Inés estaba en medio de ella con una de sus amigas y el árabe estaba bailando con otra mujer, mi novia se despidió tímidamente de ella y siguió adelante. Con las parejas de cada uno en otro cuento me acerqué a ella para despedirme, creo que mi cara no ocultaba lo que yo sentía en aquel momento, posiblemente no vería más nunca a Blanca Inés ya que Paula me había dicho que tenían planes de moverse de ciudad; en ese instante me acerqué un poco a su oído para decirle adiós pero ella se me adelantó y me dijo las siguientes palabras: “Gracias por haber venido, me alegró mucho verte y compartir este momento conmigo”, acto seguido me dio un beso justo al lado de la boca, un par de centímetros más y nos hubiéramos besado delante su esposo, familia y amigos. Estuve tentado a girar mi cara para que nuestros labios se encontraran, ganas no me faltaron, pero me sobró decencia, además no quería irme a las trompadas con el árabe en el día de su boda, tampoco quería arruinarle a ella la noche aunque me haya provocado de esa manera, así que lo más sensato que pude hacer fue darle un tierno abrazo y un beso en la mejilla sin medir una palabra, preferí callar. Después de un par de segundos la solté y me fui sin mirar atrás, no puedo decir qué expresión tenía, pero sin duda la mía era de impotencia. Al salir del salón estaba mi novia de espalda, traté de agarrar su mano y violentamente me la apartó, le pregunté que qué era lo que le pasaba y mantuvo silencio, yo me quedé sorprendido pero no dije nada, segundos después volteó hacia mí con los ojos inundados en lágrimas y dijo “Que triste es amar a alguien que tiene otra persona metida en el corazón, ¿cierto?”, yo solo agaché la cabeza, no tenía nada que decirle, en ese momento ella tomó un taxi y se fue de mi vida mientras yo solo di para sentarme en el andén y fumarme un cigarrillo. Y empezó a llover…

FIN
  

martes, 28 de abril de 2015

La boda (parte 2)

Desperté con un guayabo de los mil demonios, sentía que un ejército marchaba por cada uno de los sectores de mi cabeza, guayabo que se haría más fuerte con la llamada de mi novia, le había prometido que le iba a comprar un vestido para la boda y no dudó en recordármelo, para evitar discusiones le dije que ese mismo día íbamos por su vestido, igual ese era su plan favorito. Al saludarla en el centro comercial pensé que me reprocharía por haberla dejado plantada la noche anterior, además mi boca todavía emanaba olor a ron, pero no, ella me saludó muy cariñosa como si nada pasara, de hecho me preguntó por Sancho y solo atiné a decirle que él tenía problemas en el trabajo, ella respondió con un seco ok y empezamos a desfilar por las tiendas del lugar. A todo vestido que ella se probaba yo le decía que se veía bien, de hecho ni si quiera la veía a ella, mi mente solo proyectaba imágenes de Blanca Inés vestida de blanco caminando frente a un altar y casándose con un tipo que no era yo. Después de varios vestidos mi novia escogió un vestido negro muy elegante, afortunadamente también era económico, después de su turno tocaba el mío. Fuimos a un almacén de alquiler de trajes y solo atiné a decir que quería ir todo de negro con la excusa de ir uniformados como la pareja feliz que éramos, en realidad iba al funeral de mis esperanzas de casarme con Blanca Inés.

Los días posteriores a tremenda noticia no fueron los mejores. Mis distracciones en el trabajo aumentaban, me cuentan que muchas veces me quedaba viendo el techo con la mirada perdida y tenían que gritarme para que volviera a este mundo, en realidad no recuerdo nada, por eso decidí contactar a Paula e invitarla a un café para charlar. Paula es una amiga en común con Blanca Inés, más amiga de ella que mía, pero igualmente tenía que averiguar las razones del por qué yo estaba invitado a esa boda. Paula es de esas mujeres sinceras y descomplicadas, charlar con ella me dejó una especie de vacío mezclado con tranquilidad, ella me contó que fue la que sugirió que me invitaran a la boda, que los años habían pasado y que ya todo estaba sanado, allí me di cuenta de la terrible verdad que la invitación decía: Ella ya no pensaba en mí en la forma en que a veces la pienso, de hecho esa tarjeta ha sido la llave para abrir un baúl lleno de recuerdos lindos y otros no tanto, de esos recuerdos hay muy pocos tristes, pero son recuerdos que solo tengo yo, ella no. Después de que Paula dijo todo lo que tenía que decir guardé silencio, probablemente elevé la mirada al cielo y me quedé en blanco unos segundos, estaba buscando los cojones que no tenía para ir a la boda y aceptar la cruda realidad.

Llegó el día de la bodCONTINUARÁ...

lunes, 27 de abril de 2015

La boda

Fue un viernes atípico en la oficina, el trabajo no paró en todo el día y los jefes exigiendo como si fuera lunes, tanto así que no hubo ni ganas de ir a tomar un par de cervezas para celebrar que el fin de semana había llegado. Recuerdo que llegué a casa a eso de las 7 de la noche, el hambre me volvía loco y fui directo a la nevera, cuando ya voy camino a mi cuarto observo una tarjeta de matrimonio tirada en la mesa. “Oh, tenemos boda” me dije mientras ya saboreaba el trago de esa recepción, al abrir el sobre me he quedado sin palabras: Blanca Inés se casaba.
Si, Blanca Inés, la chica que se escapó de mi vida, la que no fue mi novia, en realidad no hay etiqueta existente para describir esa relación, Blanca Inés es el tipo de mujer que cualquier hombre desea presentar en su casa para obtener la bendición de los padres, ella es esa mujer de la que uno le habla a su mejor amigo diciéndole “quiero que ella sea la madre de mis hijos”, ella, simplemente la indicada. Blanca Inés le hace honor a su nombre, su piel es blanca, más bien diría que pura, unos ojos azules como las playas de Cancún y un cabello negro y largo que casi alcanza a jugar con sus nalgas, sus medidas no son perfectas pero eso no importa, la curva de su sonrisa te hace olvidar la de su cuerpo, y sin hablar del corazón de oro que posee.
Me he quedado frío, he frotado mis ojos para ver si no es un espejismo la tarjeta que estoy viendo, todavía no creo que Blanca Inés, MI BLANCA INÉS se casa, como desearía que fuera otra Blanca Inés pero no hay más, es ella, sigo en etapa de negación. Sin dudarlo he levantado el teléfono y he llamado a mi novia, le he dicho que era imposible que nos viéramos esa noche, le he dicho una mentira típica de novio: “Sancho, mi mejor amigo, tiene problemas y necesita hablar conmigo”. Y si, pero el de los problemas era yo, no quería aceptar una realidad que se avecinaba, también le he dicho que teníamos pronto una boda y que saldríamos a comprar un vestido para ella, mi novia simplemente contestó con un ok y sin despedirse colgó el teléfono. También he llamado a Sancho, lo invité a un bar para contarle la noticia y aceptó sin reparos.

Llegué al bar y pedí una cerveza, sabía que Sancho demoraría pues toda su vida se ha caracterizado por ser impuntual. 3 cervezas después apareció Sancho, sin dejarlo llegar le mostré la tarjeta, su expresión de sorpresa se borró de su rostro al abrir el sobre y descubrir el nombre de la persona que contraería matrimonio en los próximos días. “Esas no son penas” me decía Sancho, al tiempo él le encargaba al mesero una botella de ron. Entre trago y trago Sancho y yo analizamos la tarjeta, estaba hasta perfumada (Chanel #5 quizás), el nombre del novio era árabe, tal vez era un jeque de esos de Dubai que tienen edificios de 100 pisos, 5000 camellos y se limpian el trasero con papel higiénico de oro, a la final eso no importa ya, tiene el tesoro más preciado: Blanca Inés. Intenté estar de buen ánimo esa noche, lo juro, pero fue imposible, yo también tengo pareja y un empleo, eso es un lujo que muchos no se dan en este país, pero nada de eso impidió que estuviera triste a pesar de haber cantado rancheras abrazado de Sancho, tampoco ayudó que la mesera de pecas me dejara escrito en una servilleta su número de teléfono.

CONTINUARÁ...

jueves, 16 de abril de 2015

Desde lo lejos


Era un amor de los buenos, de los que no hacen sufrir, tu presencia en mi vida era un deleite de mi alma, todo era felicidad. Justamente en una de esas tardes cuando nuestros cuerpos se encontraban recibí una llamada de esas que cambian todo, la noticia era devastadora: Me iría del país. El silencio se apoderó de nosotros, no éramos capaces ni de mirarnos a los ojos, solo noté que una lágrima se escapó de sus ojos y la borró rápidamente para que yo no lo notara, enseguida me volteé y le di un abrazo de esos que duran una eternidad, "vamos a estar bien", le dije, más bien le mentí, sabía que jamás iba a volver a esta tierra y ella no podía acompañarme, ella procedió a vestirse en silencio y con un beso y un te amo se marchó. 

La despedida no fue nada placentera, ella me acompañó en esa tarde de lluvia para darme el último adiós. Después de tener cientos de amigos solo me quedaba su compañía, y con eso me bastaba. Nos dimos muchos besos, como para tener un ahorro para cuando nos falten, y aún siento que debíamos darnos más. Los segundos marchaban a prisa y mi hora ya llegaba, sin embargo tu mano no me quería soltar, te miré y te di un beso en la frente, tu te aferraste a mi pecho llorando sin consuelo, como pude me safé y entré a la sala de espera sin mirar atrás, si hubiera volteado a mirarte no me subo en el avión. Así, sin decir más, me fui para siempre.

Ha pasado el tiempo y aún recuerdo tu hermoso rostro, ese recuerdo es mi sonrisa en los días grises. Hoy en día se que ya tienes un nuevo amor, seguiste con tu vida y eso es lo correcto, no se si seas feliz pero estás bien y con eso a mi me basta, sin embargo desde lo lejos aun te amo y tengo todo mi amor guardado para ti por si alguna vez nuestros caminos se vuelven a encontrar.