martes, 28 de abril de 2015

La boda (parte 2)

Desperté con un guayabo de los mil demonios, sentía que un ejército marchaba por cada uno de los sectores de mi cabeza, guayabo que se haría más fuerte con la llamada de mi novia, le había prometido que le iba a comprar un vestido para la boda y no dudó en recordármelo, para evitar discusiones le dije que ese mismo día íbamos por su vestido, igual ese era su plan favorito. Al saludarla en el centro comercial pensé que me reprocharía por haberla dejado plantada la noche anterior, además mi boca todavía emanaba olor a ron, pero no, ella me saludó muy cariñosa como si nada pasara, de hecho me preguntó por Sancho y solo atiné a decirle que él tenía problemas en el trabajo, ella respondió con un seco ok y empezamos a desfilar por las tiendas del lugar. A todo vestido que ella se probaba yo le decía que se veía bien, de hecho ni si quiera la veía a ella, mi mente solo proyectaba imágenes de Blanca Inés vestida de blanco caminando frente a un altar y casándose con un tipo que no era yo. Después de varios vestidos mi novia escogió un vestido negro muy elegante, afortunadamente también era económico, después de su turno tocaba el mío. Fuimos a un almacén de alquiler de trajes y solo atiné a decir que quería ir todo de negro con la excusa de ir uniformados como la pareja feliz que éramos, en realidad iba al funeral de mis esperanzas de casarme con Blanca Inés.

Los días posteriores a tremenda noticia no fueron los mejores. Mis distracciones en el trabajo aumentaban, me cuentan que muchas veces me quedaba viendo el techo con la mirada perdida y tenían que gritarme para que volviera a este mundo, en realidad no recuerdo nada, por eso decidí contactar a Paula e invitarla a un café para charlar. Paula es una amiga en común con Blanca Inés, más amiga de ella que mía, pero igualmente tenía que averiguar las razones del por qué yo estaba invitado a esa boda. Paula es de esas mujeres sinceras y descomplicadas, charlar con ella me dejó una especie de vacío mezclado con tranquilidad, ella me contó que fue la que sugirió que me invitaran a la boda, que los años habían pasado y que ya todo estaba sanado, allí me di cuenta de la terrible verdad que la invitación decía: Ella ya no pensaba en mí en la forma en que a veces la pienso, de hecho esa tarjeta ha sido la llave para abrir un baúl lleno de recuerdos lindos y otros no tanto, de esos recuerdos hay muy pocos tristes, pero son recuerdos que solo tengo yo, ella no. Después de que Paula dijo todo lo que tenía que decir guardé silencio, probablemente elevé la mirada al cielo y me quedé en blanco unos segundos, estaba buscando los cojones que no tenía para ir a la boda y aceptar la cruda realidad.

Llegó el día de la bodCONTINUARÁ...

lunes, 27 de abril de 2015

La boda

Fue un viernes atípico en la oficina, el trabajo no paró en todo el día y los jefes exigiendo como si fuera lunes, tanto así que no hubo ni ganas de ir a tomar un par de cervezas para celebrar que el fin de semana había llegado. Recuerdo que llegué a casa a eso de las 7 de la noche, el hambre me volvía loco y fui directo a la nevera, cuando ya voy camino a mi cuarto observo una tarjeta de matrimonio tirada en la mesa. “Oh, tenemos boda” me dije mientras ya saboreaba el trago de esa recepción, al abrir el sobre me he quedado sin palabras: Blanca Inés se casaba.
Si, Blanca Inés, la chica que se escapó de mi vida, la que no fue mi novia, en realidad no hay etiqueta existente para describir esa relación, Blanca Inés es el tipo de mujer que cualquier hombre desea presentar en su casa para obtener la bendición de los padres, ella es esa mujer de la que uno le habla a su mejor amigo diciéndole “quiero que ella sea la madre de mis hijos”, ella, simplemente la indicada. Blanca Inés le hace honor a su nombre, su piel es blanca, más bien diría que pura, unos ojos azules como las playas de Cancún y un cabello negro y largo que casi alcanza a jugar con sus nalgas, sus medidas no son perfectas pero eso no importa, la curva de su sonrisa te hace olvidar la de su cuerpo, y sin hablar del corazón de oro que posee.
Me he quedado frío, he frotado mis ojos para ver si no es un espejismo la tarjeta que estoy viendo, todavía no creo que Blanca Inés, MI BLANCA INÉS se casa, como desearía que fuera otra Blanca Inés pero no hay más, es ella, sigo en etapa de negación. Sin dudarlo he levantado el teléfono y he llamado a mi novia, le he dicho que era imposible que nos viéramos esa noche, le he dicho una mentira típica de novio: “Sancho, mi mejor amigo, tiene problemas y necesita hablar conmigo”. Y si, pero el de los problemas era yo, no quería aceptar una realidad que se avecinaba, también le he dicho que teníamos pronto una boda y que saldríamos a comprar un vestido para ella, mi novia simplemente contestó con un ok y sin despedirse colgó el teléfono. También he llamado a Sancho, lo invité a un bar para contarle la noticia y aceptó sin reparos.

Llegué al bar y pedí una cerveza, sabía que Sancho demoraría pues toda su vida se ha caracterizado por ser impuntual. 3 cervezas después apareció Sancho, sin dejarlo llegar le mostré la tarjeta, su expresión de sorpresa se borró de su rostro al abrir el sobre y descubrir el nombre de la persona que contraería matrimonio en los próximos días. “Esas no son penas” me decía Sancho, al tiempo él le encargaba al mesero una botella de ron. Entre trago y trago Sancho y yo analizamos la tarjeta, estaba hasta perfumada (Chanel #5 quizás), el nombre del novio era árabe, tal vez era un jeque de esos de Dubai que tienen edificios de 100 pisos, 5000 camellos y se limpian el trasero con papel higiénico de oro, a la final eso no importa ya, tiene el tesoro más preciado: Blanca Inés. Intenté estar de buen ánimo esa noche, lo juro, pero fue imposible, yo también tengo pareja y un empleo, eso es un lujo que muchos no se dan en este país, pero nada de eso impidió que estuviera triste a pesar de haber cantado rancheras abrazado de Sancho, tampoco ayudó que la mesera de pecas me dejara escrito en una servilleta su número de teléfono.

CONTINUARÁ...

jueves, 16 de abril de 2015

Desde lo lejos


Era un amor de los buenos, de los que no hacen sufrir, tu presencia en mi vida era un deleite de mi alma, todo era felicidad. Justamente en una de esas tardes cuando nuestros cuerpos se encontraban recibí una llamada de esas que cambian todo, la noticia era devastadora: Me iría del país. El silencio se apoderó de nosotros, no éramos capaces ni de mirarnos a los ojos, solo noté que una lágrima se escapó de sus ojos y la borró rápidamente para que yo no lo notara, enseguida me volteé y le di un abrazo de esos que duran una eternidad, "vamos a estar bien", le dije, más bien le mentí, sabía que jamás iba a volver a esta tierra y ella no podía acompañarme, ella procedió a vestirse en silencio y con un beso y un te amo se marchó. 

La despedida no fue nada placentera, ella me acompañó en esa tarde de lluvia para darme el último adiós. Después de tener cientos de amigos solo me quedaba su compañía, y con eso me bastaba. Nos dimos muchos besos, como para tener un ahorro para cuando nos falten, y aún siento que debíamos darnos más. Los segundos marchaban a prisa y mi hora ya llegaba, sin embargo tu mano no me quería soltar, te miré y te di un beso en la frente, tu te aferraste a mi pecho llorando sin consuelo, como pude me safé y entré a la sala de espera sin mirar atrás, si hubiera volteado a mirarte no me subo en el avión. Así, sin decir más, me fui para siempre.

Ha pasado el tiempo y aún recuerdo tu hermoso rostro, ese recuerdo es mi sonrisa en los días grises. Hoy en día se que ya tienes un nuevo amor, seguiste con tu vida y eso es lo correcto, no se si seas feliz pero estás bien y con eso a mi me basta, sin embargo desde lo lejos aun te amo y tengo todo mi amor guardado para ti por si alguna vez nuestros caminos se vuelven a encontrar.

jueves, 5 de febrero de 2015

La sonrisa aquella

Pocas veces me he encontrado en la vida sonrisas dignas para escribirles, de hecho las sonrisas que me cautivaron en un pasado me costaron muchas lágrimas, sin embargo desde que vi esa sonrisa no he dejado de pensar en ella. No se como explicar tanta fascinación, esa sonrisa es una mezcla de ternura y sensualidad, algo distinto, es una sonrisa que expresa tranquilidad y satisfacción, a la vez tiene un toque de magia, tal así que me tiene escribiendo sin saber por qué. Pensé que eran ideas mías, que quizás estaba perdiendo la razón, fascinado por fotografías, pero no, al verla en vivo me di cuenta que no estaba loco, y la sonrisa aquella es más hermosa en persona, sin embargo la a lo lejos, como quien no quiere la cosa. Fue lindo verla, a pesar de la distancia, a pesar del tiempo corto en que sonreíste, atesoro ese momento porque no se si habrá otro en el futuro, posiblemente nunca la vuelva a ver en la vida, uno nunca sabe, por eso escribo para que ese momento me sea inolvidable, es un regalo que me hago. Si tan solo ella supiera que su sonrisa es de las sonrisas que hacen sonreír a los demás...

viernes, 30 de enero de 2015

Confesión de altura


Para muchos viajar es un placer, para otros es una tortura, pero para mi es una mezcla singular entre ambos. La primera vez que me monté a un avión iba felizmente corroncho, todo marchaba a la perfección hasta que a mitad de vuelo el piloto anunció que nos devolvíamos al aeropuerto por una supuesta fuga de combustible. Al descender del avión todo era confusión, minutos después observamos que mecánicos del aeropuerto destapaban una turbina del aeroplano, por lo tanto la fuga de combustible era una mentira que nos habían dicho como para no preocuparnos en demasía.

A partir de esa experiencia todo cambió para mi. Subirme a un avión se ha convertido en un trauma que muchas veces trato de aliviar con alcohol. Cada vez que tengo que volar trato de tener unos tragos encima, o por lo menos unas cervezas, estar 100% consciente no es una opción, a esto hay que añadirle que sufro de vértigo. Una vez subí tan ebrio a un avión que no recuerdo como subí, solo se que me registré en el módulo de la aerolínea y un segundo después estaba dentro del avión, ¿hubo un salto en el tiempo? No se, así lo sentí.

No solo ese trauma en mi primer vuelo hace que tenga pánico al montarme en un avión, el séptimo arte también ha influenciado en ese sentimiento adverso a viajar. Me ha quedado de costumbre bajar la bandeja antes de despegar esperando a que no se me quede una pieza en la mano, como en la primera película de "Destino final", también pienso en el discurso de Tyler Durden sobre las máscaras de oxígeno en "El club de la pelea" cuando las azafatas están dando las instrucciones antes de despegar; y de dormir ni hablar, no vaya a ser que me pase como Fisher en "El origen" y me roben las ideas mientras sueño.

La alegría de viajar es conocer nuevos paisajes, nuevas culturas, visitar sitios o gente querida, sin dudas es una maravilla. El proceso para mi es complicado, pero el resultado divino. 


domingo, 30 de noviembre de 2014

La vida, el amor...

Muchos se preguntan a diario por qué le pasan cosas malas a la gente buena, la mayoría no dudan en echarle la culpa a un Dios "inexistente", otros a la mala suerte, yo simplemente creo que las cosas pasan y ya. Para avanzar en la vida considero que cada quién necesita una pizca de suerte mezclada con una tonelada de esfuerzo, pero la suerte es como la belleza: Es de pocos. Es tan triste ver personas que ponen toneladas de esfuerzo en sus cosas y les falta esa pizca de suerte para salir adelante y triunfar, la vida debería recompensarlos de alguna manera por su trabajo, pero muchas veces no pasa así. Igual sucede en el amor, a veces se hacen esfuerzos por estar con alguien y siempre faltan un par de centavos para el peso. Para mi ya es una escena normal ver corazones rotos de gente noble suspirando por seres que no los van a valorar, también he visto personas que se han dedicado a ir rompiendo corazones como si fuera un deporte y a pesar de eso tienen amores plenos en una etapa madura. Que desdicha saber que ni los grandes esfuerzos garanticen algo de éxito, ni en el amor ni en la vida.

lunes, 13 de octubre de 2014

Sensaciones...


Cierto día leí que en los aeropuertos se ven los besos y las lágrimas más sinceras. Despedirse de alguien a quien uno ama siempre provocará dolor, y más si el beso que se da es tentativamente el último. Nunca esperé sentirme como me siento hoy, sobre todo después de tantos problemas, sin embargo cuando te vi me sentí como aquella primera vez que te besé en un aeropuerto. Tu y yo nos volvimos a enamorar, y caminamos bajo la lluvia...