miércoles, 27 de mayo de 2015
Descarga
No pude contener más esto que sentia, una voz interior gritaba sin parar las noches que te ha pensado, y a pesar de mis esfuerzos estallé. Heme aquí confesado una vez más, nervioso como en tiempos de juventud, tantos años de experiencia no han servido para nada, mi timidez estuvo devorando mis palabras y no me fue facil expresarme, si embargo al final pude hacerlo para calmar el furibundo interior. No te sientas sorprendida, tu intuición ya te advertía, a la final el resultado es invariable y las cosas seguirán tal cual como vienen siendo hasta el día de hoy, pues al fin y al cabo más nunca se cruzarán nuestros caminos.
lunes, 25 de mayo de 2015
Tu foto
Me he robado tu foto. No podía dejar de pasar por alto esa mirada serena de tus ojos color miel, tanta ternura y belleza guardan ese par de perlas que me hipnotizan cada vez que la veo, hay veces que siento que en verdad me estás mirando. Cuanto deseo haber sido yo el fotógrafo de ese instante en el tiempo, ya seas tú u otra persona ha retratado una obra maestra. Estando tan lejos tu foto es lo único que tengo, la conservaré hasta que pase la tormenta y seque mi vida. Que ojos tan bellos que miran a otro.
sábado, 23 de mayo de 2015
Imágenes
Y así, sin previo aviso, se levantaron las imágenes reviviendo de los escombros del ayer. Recobraron vida casi que de la nada... Pensé que estaban extintas hace mucho tiempo.
Fue un golpe de gracia que no imaginé que pasara. Las imágenes frente a mis ojos quitándome otra vez el sueño; ellas no se libran de mi y yo tampoco de ellas. Aunque de cierto modo no me hacen daño, de hecho algunas me hacen sonreír.
Sin embargo, las imágenes no vienen solas; cada una contiene una carga de nostalgia. Son el vestigio de un pasado sin futuro, futuro que me fue arrebatado por una maldición causada por los celos.
El pasado no existe y tampoco se puede modificar, nada de lo que yo haga hoy en día cambiará lo que fue. Solo conservo esas imágenes que algún día volverán al olvido, sitio de donde nunca debieron haber salido.
Con cariño para Suad.
Fue un golpe de gracia que no imaginé que pasara. Las imágenes frente a mis ojos quitándome otra vez el sueño; ellas no se libran de mi y yo tampoco de ellas. Aunque de cierto modo no me hacen daño, de hecho algunas me hacen sonreír.
Sin embargo, las imágenes no vienen solas; cada una contiene una carga de nostalgia. Son el vestigio de un pasado sin futuro, futuro que me fue arrebatado por una maldición causada por los celos.
El pasado no existe y tampoco se puede modificar, nada de lo que yo haga hoy en día cambiará lo que fue. Solo conservo esas imágenes que algún día volverán al olvido, sitio de donde nunca debieron haber salido.
Con cariño para Suad.
miércoles, 29 de abril de 2015
La boda (parte 3)
Llegó el día de la boda. A las
6:00pm iniciaría la misa donde Blanca Inés se desposaría con el árabe aquel.
Decidí no ir a la iglesia pues me había tomado un par de tragos en su honor y
no iba a aguantar la tentación de gritar “yo me opongo” cuando el cura
preguntara si alguien se oponía a la boda, preferí mandarle a Paula un mensaje
para que me avisara cuando el daño estuviera hecho. A eso de las 7:00pm llegó
el mensaje esperado, sentí un vacío por un momento pero otro trago amortiguó el
golpe, llamé a mi novia y le dije que estuviera lista que en una hora pasaría
por ella. Al ir por ella y verla en ese
vestido me dije que era un tonto, pues ella también tenía gran belleza, le dije
que se veía hermosa, ella sonrió tímidamente y sin decir una palabra me dio un
beso en la mejilla, no entendí nada. Llegamos al sitio de la recepción un poco
tarde, mejor así, no quería verla bailando el vals con el árabe ese ni tampoco
quería escuchar el discurso del brindis, al entrar agarré fuerte la mano de mi
novia y entré con actitud, debo decir
que fue una entrada espectacular, como de actor de televisión. Lo
primero que divisé fue la mesa del centro, y ahí estaba sentada Blanca Inés con
su esposo, al verme se puso nerviosa igual que yo, el corazón se me quería
salir del pecho pues nunca había estado en una situación así. Ella estaba
excesivamente hermosa, no lo puedo negar, pero sus ojos azules ocultaban temor,
presiento que ella no esperaba a que fuera, y menos presentarme de esa forma.
Me dirigí a la mesa a felicitarla, ella se puso de pie rápidamente y se arregló el vestido, de esto no había
necesidad pues parecía un ángel; le di un beso en la mejilla y solo pude
decirle ‘felicidades’, ella roja del nervio solo dijo ‘gracias’, a su vez el
árabe se levantó de su silla y ella dijo ‘te presento a mi esposo Farid’, en
ese momento sentí que una daga me atravesaba el pecho, sin embargo estreché la
mano del árabe con total dignidad. Acto seguido le presenté a mi novia a la
pareja de recién casados y después los 4 nos quedamos callados por unos
segundos, hasta que mi novia y yo nos fuimos a buscar a Paula para sentarnos
junto a ella. La fiesta tomó forma y los nuevos esposos bailaban en la pista,
él se lucía por todo el salón como un pavo real exponiendo sus plumas, yo
estaba en una mesa olvidada en un rincón oculto como una rata observando todo
el panorama mientras Paula y mi novia no dejaban de hablar, yo solo asentaba y
me bebía la botella, es más, hasta tuve tiempo de analizar al árabe: “¿Qué
tiene él que no tenga yo? Bueno, se ve que es más joven que yo y que aunque no
sea dueño de medio Dubai tiene dinero, más que yo” pensé mientras Paula no
dejaba de hablar. En un momento llegué a sentirme miserable, por lo tanto
decidí equilibrar las cargas y sacar a bailar a mi novia pues más de un pendejo
le puso la mirada encima, así que salí a la pista a bailar mientras Blanca me
observaba de reojo, lo sé porque yo también la observaba a ella; en un juego de
provocar celos yo besaba a mi novia y ella le bailaba sensual a su esposo mientras
ambos observábamos discimuladamente. Después de un largo rato bailando nos
sentamos para seguir conversando con Paula que no paraba de hablar.
Pasaron un par de horas y la
tristeza no se disminuía a pesar de los tragos, así que preferí irme. Le dije a
mi novia que tenía algo de dolor de cabeza, lo cual era mentira, ella arrugó la
cara pues estaba muy entretenida charlando con Paula, pero aceptó a que nos
fuéramos del lugar. Al pasar por la pista Blanca Inés estaba en medio de ella
con una de sus amigas y el árabe estaba bailando con otra mujer, mi novia se
despidió tímidamente de ella y siguió adelante. Con las parejas de cada uno en
otro cuento me acerqué a ella para despedirme, creo que mi cara no ocultaba lo
que yo sentía en aquel momento, posiblemente no vería más nunca a Blanca Inés
ya que Paula me había dicho que tenían planes de moverse de ciudad; en ese
instante me acerqué un poco a su oído para decirle adiós pero ella se me
adelantó y me dijo las siguientes palabras: “Gracias por haber venido, me
alegró mucho verte y compartir este momento conmigo”, acto seguido me dio un
beso justo al lado de la boca, un par de centímetros más y nos hubiéramos
besado delante su esposo, familia y amigos. Estuve tentado a girar mi cara para
que nuestros labios se encontraran, ganas no me faltaron, pero me sobró
decencia, además no quería irme a las trompadas con el árabe en el día de su
boda, tampoco quería arruinarle a ella la noche aunque me haya provocado de esa
manera, así que lo más sensato que pude hacer fue darle un tierno abrazo y un
beso en la mejilla sin medir una palabra, preferí callar. Después de un par de
segundos la solté y me fui sin mirar atrás, no puedo decir qué expresión tenía,
pero sin duda la mía era de impotencia. Al salir del salón estaba mi novia de
espalda, traté de agarrar su mano y violentamente me la apartó, le pregunté que
qué era lo que le pasaba y mantuvo silencio, yo me quedé sorprendido pero no dije
nada, segundos después volteó hacia mí con los ojos inundados en lágrimas y
dijo “Que triste es amar a alguien que tiene otra persona metida en el corazón,
¿cierto?”, yo solo agaché la cabeza, no tenía nada que decirle, en ese momento
ella tomó un taxi y se fue de mi vida mientras yo solo di para sentarme en el
andén y fumarme un cigarrillo. Y empezó a llover…
FIN
martes, 28 de abril de 2015
La boda (parte 2)
Desperté con un guayabo de los
mil demonios, sentía que un ejército marchaba por cada uno de los sectores de
mi cabeza, guayabo que se haría más fuerte con la llamada de mi novia, le había
prometido que le iba a comprar un vestido para la boda y no dudó en
recordármelo, para evitar discusiones le dije que ese mismo día íbamos por su
vestido, igual ese era su plan favorito. Al saludarla en el centro comercial
pensé que me reprocharía por haberla dejado plantada la noche anterior, además
mi boca todavía emanaba olor a ron, pero no, ella me saludó muy cariñosa como
si nada pasara, de hecho me preguntó por Sancho y solo atiné a decirle que él tenía
problemas en el trabajo, ella respondió con un seco ok y empezamos a desfilar
por las tiendas del lugar. A todo vestido que ella se probaba yo le decía que
se veía bien, de hecho ni si quiera la veía a ella, mi mente solo proyectaba
imágenes de Blanca Inés vestida de blanco caminando frente a un altar y
casándose con un tipo que no era yo. Después de varios vestidos mi novia
escogió un vestido negro muy elegante, afortunadamente también era económico,
después de su turno tocaba el mío. Fuimos a un almacén de alquiler de trajes y
solo atiné a decir que quería ir todo de negro con la excusa de ir uniformados
como la pareja feliz que éramos, en realidad iba al funeral de mis esperanzas
de casarme con Blanca Inés.
Los días posteriores a tremenda
noticia no fueron los mejores. Mis distracciones en el trabajo aumentaban, me
cuentan que muchas veces me quedaba viendo el techo con la mirada perdida y tenían
que gritarme para que volviera a este mundo, en realidad no recuerdo nada, por
eso decidí contactar a Paula e invitarla a un café para charlar. Paula es una
amiga en común con Blanca Inés, más amiga de ella que mía, pero igualmente
tenía que averiguar las razones del por qué yo estaba invitado a esa boda.
Paula es de esas mujeres sinceras y descomplicadas, charlar con ella me dejó
una especie de vacío mezclado con tranquilidad, ella me contó que fue la que
sugirió que me invitaran a la boda, que los años habían pasado y que ya todo
estaba sanado, allí me di cuenta de la terrible verdad que la invitación decía:
Ella ya no pensaba en mí en la forma en que a veces la pienso, de hecho esa
tarjeta ha sido la llave para abrir un baúl lleno de recuerdos lindos y otros
no tanto, de esos recuerdos hay muy pocos tristes, pero son recuerdos que solo
tengo yo, ella no. Después de que Paula dijo todo lo que tenía que decir guardé
silencio, probablemente elevé la mirada al cielo y me quedé en blanco unos
segundos, estaba buscando los cojones que no tenía para ir a la boda y aceptar
la cruda realidad.
Llegó el día de la bodCONTINUARÁ...
lunes, 27 de abril de 2015
La boda
Fue un viernes atípico en la
oficina, el trabajo no paró en todo el día y los jefes exigiendo como si fuera
lunes, tanto así que no hubo ni ganas de ir a tomar un par de cervezas para
celebrar que el fin de semana había llegado. Recuerdo que llegué a casa a eso
de las 7 de la noche, el hambre me volvía loco y fui directo a la nevera,
cuando ya voy camino a mi cuarto observo una tarjeta de matrimonio tirada en la
mesa. “Oh, tenemos boda” me dije mientras ya saboreaba el trago de esa
recepción, al abrir el sobre me he quedado sin palabras: Blanca Inés se casaba.
Si, Blanca Inés, la chica que se
escapó de mi vida, la que no fue mi novia, en realidad no hay etiqueta
existente para describir esa relación, Blanca Inés es el tipo de mujer que
cualquier hombre desea presentar en su casa para obtener la bendición de los
padres, ella es esa mujer de la que uno le habla a su mejor amigo diciéndole
“quiero que ella sea la madre de mis hijos”, ella, simplemente la indicada.
Blanca Inés le hace honor a su nombre, su piel es blanca, más bien diría que
pura, unos ojos azules como las playas de Cancún y un cabello negro y largo que
casi alcanza a jugar con sus nalgas, sus medidas no son perfectas pero eso no
importa, la curva de su sonrisa te hace olvidar la de su cuerpo, y sin hablar
del corazón de oro que posee.
Me he quedado frío, he frotado
mis ojos para ver si no es un espejismo la tarjeta que estoy viendo, todavía no
creo que Blanca Inés, MI BLANCA INÉS se casa, como desearía que fuera otra
Blanca Inés pero no hay más, es ella, sigo en etapa de negación. Sin dudarlo he
levantado el teléfono y he llamado a mi novia, le he dicho que era imposible
que nos viéramos esa noche, le he dicho una mentira típica de novio: “Sancho,
mi mejor amigo, tiene problemas y necesita hablar conmigo”. Y si, pero el de
los problemas era yo, no quería aceptar una realidad que se avecinaba, también
le he dicho que teníamos pronto una boda y que saldríamos a comprar un vestido
para ella, mi novia simplemente contestó con un ok y sin despedirse colgó el
teléfono. También he llamado a Sancho, lo invité a un bar para contarle la
noticia y aceptó sin reparos.
Llegué al bar y pedí una cerveza,
sabía que Sancho demoraría pues toda su vida se ha caracterizado por ser
impuntual. 3 cervezas después apareció Sancho, sin dejarlo llegar le mostré la
tarjeta, su expresión de sorpresa se borró de su rostro al abrir el sobre y
descubrir el nombre de la persona que contraería matrimonio en los próximos
días. “Esas no son penas” me decía Sancho, al tiempo él le encargaba al mesero
una botella de ron. Entre trago y trago Sancho y yo analizamos la tarjeta,
estaba hasta perfumada (Chanel #5 quizás), el nombre del novio era árabe, tal
vez era un jeque de esos de Dubai que tienen edificios de 100 pisos, 5000 camellos
y se limpian el trasero con papel higiénico de oro, a la final eso no importa
ya, tiene el tesoro más preciado: Blanca Inés. Intenté estar de buen ánimo esa
noche, lo juro, pero fue imposible, yo también tengo pareja y un empleo, eso es
un lujo que muchos no se dan en este país, pero nada de eso impidió que
estuviera triste a pesar de haber cantado rancheras abrazado de Sancho, tampoco
ayudó que la mesera de pecas me dejara escrito en una servilleta su número de
teléfono.
CONTINUARÁ...
jueves, 16 de abril de 2015
Desde lo lejos
Era un amor de los buenos, de los que no hacen sufrir, tu presencia en mi vida era un deleite de mi alma, todo era felicidad. Justamente en una de esas tardes cuando nuestros cuerpos se encontraban recibí una llamada de esas que cambian todo, la noticia era devastadora: Me iría del país. El silencio se apoderó de nosotros, no éramos capaces ni de mirarnos a los ojos, solo noté que una lágrima se escapó de sus ojos y la borró rápidamente para que yo no lo notara, enseguida me volteé y le di un abrazo de esos que duran una eternidad, "vamos a estar bien", le dije, más bien le mentí, sabía que jamás iba a volver a esta tierra y ella no podía acompañarme, ella procedió a vestirse en silencio y con un beso y un te amo se marchó.
La despedida no fue nada placentera, ella me acompañó en esa tarde de lluvia para darme el último adiós. Después de tener cientos de amigos solo me quedaba su compañía, y con eso me bastaba. Nos dimos muchos besos, como para tener un ahorro para cuando nos falten, y aún siento que debíamos darnos más. Los segundos marchaban a prisa y mi hora ya llegaba, sin embargo tu mano no me quería soltar, te miré y te di un beso en la frente, tu te aferraste a mi pecho llorando sin consuelo, como pude me safé y entré a la sala de espera sin mirar atrás, si hubiera volteado a mirarte no me subo en el avión. Así, sin decir más, me fui para siempre.
Ha pasado el tiempo y aún recuerdo tu hermoso rostro, ese recuerdo es mi sonrisa en los días grises. Hoy en día se que ya tienes un nuevo amor, seguiste con tu vida y eso es lo correcto, no se si seas feliz pero estás bien y con eso a mi me basta, sin embargo desde lo lejos aun te amo y tengo todo mi amor guardado para ti por si alguna vez nuestros caminos se vuelven a encontrar.
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